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DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO A LA ORGANIZACIÓN “MÉDICOS CON ÁFRICA CUAMM”

RV15480_LancioGrandeMe complace, queridos hermanos y hermanas, dar la bienvenida a cada uno de vosotros, «Médicos con África CUAMM”, que trabajáis por la tutela de la salud de las poblaciones africanas; y me alegro aún más después de haber escuchado las palabras que me han acercado mucho a aquellos lugares lejanos, el testimonio de estos médicos ha llevado mi corazón a esos sitios, donde vosotros vais sencillamente para encontrarse con Jesús. Y eso me hizo mucho bien. Gracias. Vuestra organización, expresión de la misionariedad de la diócesis de Padua, a lo largo de los años ha implicado a muchas personas que, como voluntarios, se dispusieron a realizar proyectos a largo término con una visión de desarrollo. Os doy las gracias por lo que estáis haciendo en favor del derecho humano fundamental de la salud para todos. La salud, en efecto, no es un bien de consumo, sino un derecho universal, por lo cual el acceso a los servicios sanitarios no puede ser un privilegio.

La salud, sobre todo la de base, se niega —¡se niega!— en diversas partes del mundo y en muchas regiones de África. No es un derecho para todos, sino más bien es aún un privilegio para pocos, para aquellos que se lo pueden permitir. La accesibilidad a los servicios sanitarios, a los tratamientos y a las medicinas sigue siendo un espejismo. Los más pobres no llegan a pagar y se ven excluidos de los servicios hospitalarios, incluso de los más esenciales y primarios. De aquí la importancia de vuestra generosa actividad en apoyo de una red capilar de servicios, capaz de dar respuestas a las necesidades de las poblaciones.

Habéis elegido los países más pobres de África, los países subsaharianos, y las zonas más olvidadas, «la última milla» de los sistemas sanitarios. Son las periferias geográficas donde el Señor os manda a ser buenos samaritanos, a ir al encuentro del pobre Lázaro, atravesando la «puerta» que conduce del primero al tercer mundo. ¡Esta es vuestra «puerta santa»! Vosotros trabajáis entre los grupos más vulnerables de la población: las madres, para asegurarles un parto seguro y digno, y los niños, especialmente los recién nacidos. En África, demasiadas madres mueren durante el parto y demasiados niños no superan el primer mes de vida por la malnutrición y las grandes endemias. Os aliento a permanecer entre esta humanidad herida y que sufre: es Jesús. Vuestra obra de misericordia es la atención del enfermo, según el lema evangélico «Curad a los enfermos» (Mt 10, 8). Que podáis ser expresión de la Iglesia madre, que se inclina hacia los más débiles y se hace cargo de ellos.

Para favorecer procesos de desarrollo auténticos y duraderos se necesitan tiempos largos, en la lógica de sembrar con confianza y esperar con paciencia los frutos. Todo esto lo demuestra también la historia de vuestra Organización, que desde hace más de sesenta y cinco años está comprometida al lado de los más pobres en Uganda, Tanzania, Mozambique, Etiopía, Angola, Sudán del Sur y Sierra Leona. África necesita un acompañamiento paciente y continuativo, tenaz y competente. Las intervenciones necesitan planteamientos de trabajo serios, requieren investigación e innovación e imponen el deber de transparencia hacia los donantes y la opinión pública.

Sois médicos «con» África y no «para» África, y esto es muy importante. Estáis llamados a incorporar a la gente africana en el proceso de crecimiento, caminando juntos, compartiendo dramas y alegrías, dolores y entusiasmos. Los pueblos son los primeros artífices de su desarrollo, los primeros responsables. Sé que afrontáis los desafíos cotidianos con gratuidad y ayuda desinteresada, sin proselitismos y ocupación de espacios. Es más, colaborando con las Iglesias y los Gobiernos locales en la lógica de la participación y de compartir compromisos y responsabilidades recíprocas. Os exhorto a mantener vuestro peculiar modo de acercarse a las realidades locales, ayudándoles a crecer y dejándolas cuando son capaces de continuar solas, en una perspectiva de desarrollo y sostenibilidad. Es la lógica de la semilla, que desaparece y muere para dar un fruto duradero.

En vuestro precioso servicio a los pobres de África tenéis como modelos a vuestro fundador, el doctor Francesco Canova, y al histórico director, don Luigi Mazzucato. El doctor Canova maduró en la FUCI la idea de ir por el mundo socorriendo a los últimos, proyectando un «colegio para futuros médicos misioneros» y trazando la figura del médico misionero laico. Por su parte, don Mazzucato fue director del CUAMM durante 53 años, y falleció el pasado 26 de noviembre a la edad de 88 años. Él fue el auténtico inspirador de las elecciones de fondo, primera entre todas la pobreza. Así dejó escrito en su testamento espiritual: «Tras nacer pobre, siempre he tratado de vivir con lo mínimo indispensable. No tengo nada mío y no tango nada para dejar. Las pocas prendas que poseo que sean dadas a los pobres».

Siguiendo las huellas de estos grandes testigos de una misionariedad de proximidad y evangélicamente fecunda, vosotros lleváis adelante con valentía vuestra obra, siendo expresión de una Iglesia que no es una «super clínica para vip» sino más bien un «hospital de campaña». Una Iglesia con corazón grande, cercana a muchas heridos y humillados de la historia, al servicio de los más pobres.

Os aseguro mi cercanía y mi oración. Os bendigo a todos vosotros, a vuestros familiares y vuestro compromiso por el hoy y el mañana del continente africano. Y os pido, por favor, que recéis por mí, para que el Señor me haga cada día más pobre.

¡Gracias!